Cinco claves del juego: Rumbo al desierto ante viejo rival

La jornada tres para el equipo de la estrella solitaria se ha tornado un verdadero dilema, con dudas en todos los departamentos. Quizá los únicos que se salvan de la quema ante Denver son los especialistas, Chris Jones y Dan Bailey.

Por los pateadores no quedó, pero para el resto del plantel no hay para donde moverle.

Los Vaqueros (1-1) visitan a los Cardenales de Arizona (1-1) urgidos de quitarse esta bruma que se ha aparecido en sus instalaciones de The Star en Frisco, luego de una larga semana de reflexión entre sus jóvenes estrellas, con Dak Prescott y Ezekiel Elliott pasando a la báscula ante la crítica generalizada.

Estos pajarracos de Bruce Arians abrirán las puertas del University of Phoenix Stadium ante lo que se espera sea el lleno acostumbrado cuando visitan los vestidos de azul y plata, que han perdido los últimos cuatro de la serie, tres de estas siendo victorias por los anfitriones en el desierto. 

De estas tres, dos culminaron en dolorosos tiempos extra y otra por la diferencia mínima de 27-26, con gol de campo de Jay Feely de 48 yardas con :05 en el reloj de juego.

De cualquier ángulo que se vea, Jason Garrett sabe que estará entrando a un posible palacio del horror ante un equipo que quizá no representa la elite de la liga, luego de su desdibujada victoria en tiempo extra como visitante ante los Potros.    

La gran duda para el universo de la NFL es si estos ahora acorralados Vaqueros pueden regresar al dominio a la ofensiva que los venía caracterizando, porque ahí es donde comienza y termina el camino para Prescott y compañía, junto con el efecto que tiene su efectividad para una defensiva propia que de vuelta estará bajo la lupa.

Clave 1 – No hay que buscarle tres pies. Ante los Broncos los Vaqueros fueron incapaces de mover el balón por tierra, y de pronto estaban abajo 21-7 obligados a tirar el balón en 50 ocasiones. Este no es ambiente propicio para la ofensiva de Scott Linehan, y por seguro la meta número uno será el darle el balón a Elliott en busca de retornar a su verdadero plan de juego. Algo vieron los Broncos para obligar entrega tras entrega de posesión, y será de vital importancia que este no vuelva a ser el caso, porque de no poder controlar el ritmo ofensivo se complican las cosas para el resto del equipo. Vuelvo a aventar al ruedo a Darren McFadden, que de nuevo fue congelado en Denver y que seguro volverá a suplir en acarreos tomando en cuenta que la opción de Alfred Morris no ha sido opción alguna.  

Clave 2 – Aprovechar la condición del rival. Los Vaqueros se pueden ayudar atacando al veterano Carson Palmer, cuya primer mitad en Indianápolis fue para el olvido.  Arians no cuenta con los servicios de su propio caballito de batalla en David Johnson, lesionado en la pretemporada, y la falta de juego terrestre obliga a los Cardenales a tirar el balón por diseño. Esto lo tiene que aprovechar la defensiva vaquera, sabiendo que los receptores abiertos J.J. Nelson, un tanto tocado en movimientos entre semana, y el veterano Larry Fitzgerald pudieran ser la verdadera opción para mover las cadenas. La causa-efecto de esta ecuación es la secundaria de Rod Marinelli, que con la reaparición de Orlando Scandrick pudieran ayudarse con presión de Demarcus Lawrence, Maliek Collins, Stephen Paea y la reaparición de Demontre Moore sobre el inmóvil Palmer en apoyo de los Jourdan Lewis, Xavier Woods y Anthony Brown.

*Clave 3 – *Hay que levantar la mano. No hubo vuelta de hoja que los Cowboys fueron completamente dominados en Denver, al grado de ver como el dúo de Elliott y Prescott vivieran su peor experiencia como profesionales vistiendo la casaca azul y plata. No hay tampoco duda que se habló largo y tendido tras bambalinas con respecto a la obligación de demostrar que aquella emboscada fue una aberración y en nada refleja el espíritu de competitividad de este equipo, que hace escasa temporada comenzaban también la temporada 1-1 y una racha de once victorias consecutivas. Jason Witten tiene que jugar la carta de líder en este vestidor, pero también se tiene que unir a la causa fuera del campo de juego Dez Bryant, que ahora estará bajo el microscopio en otro uno-a-uno ahora con el Tazón de los Profesionales, el esquinero Patrick Peterson. Bryant esta obligado a demostrar que su madurez se ha traducido a ser un jugador elite de esta liga, y no a un gran atleta que no combina todas las disciplinas para ser un campeón.

Clave 4 – La defensiva local traerá la batuta. La energía en este juego de lunes por la noche se sentirá desde antes de la patada inicial, con dos equipos que se verán la caras por segunda ocasión luego de aquella victoria 20-18 de los Vaqueros en el Juego del Salón de la Fama el 3 de agosto del presente. Los ambientes no pudieran ser más opuestos, tomando en cuenta que el monstruo de 63,000 cabezas bajo techo estará listo para celebrar cualquier acierto de los Cardenales. Este será el caso en particular a la defensiva, con el liniero Frostee Rucker, los apoyadores Chandler Jones y Karlos Dansby, junto con el mencionado esquinero Peterson.  Si esta defensiva puede detener a los Vaqueros como lo hicieron los Broncos, ellos pudieran elevar la intensidad del respetable a un nivel de convertirlo en el jugador número 12 para los Cardenales, metiendo de lleno la posibilidad de presionar en posibles terceras y largo. La defensiva local tendrá la oportunidad de ejercer el ritmo del juego dándole así mayores oportunidades a su propia ofensiva.  

Clave 5 – Estos juegos son verdaderos misterios. A través de los años, estas franquicias han personificado juegos para el propio Ripley. Quien no recuerda aquel tiempo extra con bloqueo de la patada de despeje desde sus propias diagonales de Matt McBriar, donde el especialista Rocky Beisel anotara los seis finales, o el pase pantalla de Kevin Kolb a mitad de campo con LaRod Stephens-Howling en el quinto cuarto en el mismo escenario para otra victoria local. Lo cierto es que lejos de predecibles, estos juegos ante los Cardenales se vuelven un acto de supervivencia donde factores que uno no imaginaría se tornan reales e imponentes. Los Cardenales saben que para que se de un final a su favor, van a tener que correr con algo de la suerte que han tenido en esta racha de cuatro victorias consecutivas. Será la obligación de los Vaqueros el quitarle el peso al misterio dominando con su ofensiva y con este mismo control quitarle el factor gris para volver a su manera de jugar y ganar. 

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