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5 Claves del Juego: Cowboys vs Colts | Semana 9

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De pronto se esfumaron los remos en la canoa vaquera.

Así tal cual. De pronto, lo que se venía discutiendo con respecto al equipo de Jerry Jones se ha vuelto un ciclón de críticas donde tal parece que nadie se salva.

La derrota ante los Cardenales deja un renglón por demás amargo para la Nación Cowboys, donde de pronto no se sabe si es palo o pedrada, dejando al universo de la NFL boquiabierto al ver lo estrepitoso que ha sido la caída del equipo del ahora entrenador en jefe Brian Schottenheimer.

Pocas veces se ha tenido una semana tan larga cuando de lo único que se habla es de quién tiene la culpa de toda esta maraña en la que se encuentra el equipo de la estrella solitaria. Derrotas ante Bucaneros, Empacadores y esta última, para el propio Ripley, son parte del momento que vive el equipo. Y, de nuevo, no es necesariamente la búsqueda de respuestas, pero hay que comenzar con las preguntas.

Para la novena jornada enfrentan a un entorpecido equipo de Indianapolis, cuya dueña, Carlie Irsay-Gordon, anda no solo merodeando la banca durante el juego, haciendo notas y escuchando en audífonos los señalamientos de los entrenadores bajo el mando del entrenador en jefe Shane Steichen, sino que también despidió al gerente general Chris Ballard, mandó al guardia Quenton Nelson a Seattle y al tackle defensivo DeForest Buckner rumbo a la bahía de San Francisco en una limpia en plena temporada.

Cambios que hace un equipo en estado de descomposición.

En el caso de los Cowboys, el dueño y gerente general ha dicho que no habrá cambios en la dirigencia a media temporada, y se sigue pensando que le queda cuerda a una temporada con la noción de que el campeón divisional pudiera ser un equipo hasta con marca perdedora, otra para el propio Ripley que se anda paseando por los pasillos de The Star en Frisco.

Los legendarios Potros llegan como la número 26 en yardas totales, con 292.1 yardas por juego; la número 16 en yardas por tierra, con 116.5 yardas promedio, y la número 28 por aire, con un promedio de 174.6 yardas por juego. Del lado defensivo, son la número 22, permitiendo 343.5 yardas totales; 131.8 por tierra, reflejando el puesto 27, y la número 12 por aire, permitiendo 211.8 yardas por encuentro.

Los azul y plata llegan como la ofensiva número 13, con un total de 342.0 yardas promedio por juego, siendo la número 25 con 94.1 yardas por tierra y la número 9 por aire, con un promedio de 247.9 yardas por cotejo. La defensiva es la número 32 de 32, permitiendo 385.4 yardas por juego, colocándose como la número 32 de 32 al permitir un promedio de 152.8 yardas por tierra, mientras que por aire están como la número 22, permitiendo 232.6 yardas por encuentro.

Los Cowboys traen un -1 en intercambios, tres intercepciones y tres balones recuperados, mientras que los anfitriones traen su propio -11, producto de dos intercepciones y dos balones recuperados, además de un estratosférico nueve intercepciones con seis balones extraviados por su ofensiva.

Para todo esto, vamos a las cinco claves del juego número 19 entre estos dos añejos rivales, donde los Cowboys tienen la ventaja de 11-6 en temporada regular y aquella derrota ante los entonces Potros de Baltimore, 16-13, en el afamado Súper Tazón V, en el desaparecido Tazón de la Naranja, en Miami, Florida.

Clave 1. Vamos a lo más básico. No hay duda de que el estado del lado defensivo ha sido el artífice del problema en el que se encuentra el equipo de momento. La ofensiva ha sido afectada por la falta del juego complementario y, de momento, la falta de tacleo en momentos clave, coberturas inexistentes y jugadas grandes del contrario tienen a los Vaqueros con una marca de 3-5 rumbo a Indianapolis. Mientras la frontal defensiva ha mostrado señales de vida con el ánimo de Quinnen Williams, Otito Ogbonnia y Kenny Clark, el juego anímico de Rashan Gary ha comenzado a notarse. La secundaria fue torturada ante un Gardner Minshew que encontró a Trey McBride y Michael Wilson hacia un final que de nuevo mostró el lado flaco de dicha defensiva. Con el personal existente, habrá que encontrar la manera de contrarrestar el hoyo que se ha cavado del lado defensivo.

Clave 2. Fuerza de flaqueza. El gran misterio para muchos es qué se estará diciendo en el vestidor vaquero ante tal adversidad. Por supuesto que ante los micrófonos se dice lo necesario para salir del momento: todo comienza conmigo, hay mucha temporada, etcétera, pero cuando es el momento de revertir lo sucedido y comenzar a parar a alguien en los momentos clave, alguna bujía tiene que existir para sacar a este burro del barranco. Y en el caso de un equipo aparentemente sin dirección, con la herradura en el casco, este es el momento propicio de mostrar el semblante de profesionalismo y orgullo profesional para que el juego en el emparrillado hable por sí mismo. Los números advierten de dos equipos del montón: los Potros han perdido sus últimos cuatro juegos y los Cowboys han sido derrotados en tres de los últimos cuatro, pero para regresar al Metroplex con una victoria va a requerir que el equipo completo resuelva aceptar lo sucedido y jugar sin temor a equivocarse.

Clave 3. No le saquen. Parte del juego en todos los niveles es saber ajustar y que se puedan llevar a cabo dichos ajustes en el medio tiempo y durante la segunda mitad. La falta del juego terrestre en Green Bay fue aparente y, como ajuste, fue desechado por estar abajo en el marcador. Ya ante Philadelphia reapareció el juego entre las trincheras y el resultado fue positivo, pero ante Arizona, insistir con Javonte Williams resultó en un tres y fuera en tiempo extra que dejó bizco al respetable. Los ajustes son el pan de cada día en cada emparrillado, pero el miedo al resultado de dichos ajustes debe ser confrontado con otros cambios en el momento de atacar. Es fácil señalar a posteriori que los ajustes, o la falta de ellos, son los culpables de una derrota, pero confiar en que el juego aéreo y terrestre pueden vivir en armonía es significativo, y dentro de cualquier escenario con la moneda en el aire se tiene que contar con la confianza de que se tiene el personal necesario en el terreno de juego para ejecutar un ajuste en plena contienda. Un ejemplo es la desaparición del juego del ala cerrada como válvula de escape, algo que fuera el pan de cada día de las ofensivas vaqueras. En el mundo de ajustes, ¿dónde quedó esta bolita?

Clave 4. Un juego a la vez. La división Este de la NFC tiene a los Gigantes como líder con 4-2-1, Vaqueros 3-5, Washington 2-4-1 y en el fondo Philadelphia con 2-6. Y si se ve el vaso medio lleno, sí hay tela de dónde cortar en cuanto a ser campeón divisional. Estamos de acuerdo en que un equipo comodín no va a salir de aquí y, con nueve juegos restantes, la moneda está en el aire. Ahora, el enfoque tiene que estar en no ser emboscados en Indy, porque ya ahí se torna lo dramático en tétrico en cuanto al resto del calendario. Tomando en cuenta que para la jornada diez llegan los Gambusinos (6-1), que visitan a los Raiders (4-4) en Las Vegas este fin de semana, el enfoque tiene que estar completamente en el rival en puerta, en las condiciones en las que esté, porque un resultado adverso tendría sabor a que se acaban los gránulos del reloj de arena para rotular su pase a la gran fiesta.

Clave 5. Aprovechar lo que se pueda. El malestar de la afición de los Potros es palpable, luego de su derrota en casa a manos de los Titanes (1-7) por marcador de 26-20 en la jornada seis, una cerrada derrota ante unos Vikingos (6-1) en Minneapolis, 16-10, seguida de la desmantelada completa en Jacksonville (6-2), al son de 42-7, bajo una pertinaz lluvia en la ciudad floridiana. Para la ofensiva vaquera, es cuestión de salir agresivos y aprovechar sus estrellas por aire para llegar a las diagonales, complementado por el juego por piernas de Williams y Tyler Goodson. Eso marcan los cánones para sacar al público del juego, porque, de poder anotar primero y ver que los Vaqueros pueden aprovechar la catarsis existente de haber mandado al líder emocional Buckner a otras praderas, el malestar existente de un Jonathan Taylor y el juego desdibujado de Daniel Jones son factores directos para controlar el juego. Así se ganan juegos de gira ante equipos malos. Ahora, del lado defensivo tiene que existir la esperanza de la jugada grande, intercepciones y balones sueltos para mandar a los vestidos de azul y blanco rumbo a la salida.

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